Ethics Unwrapped Blog

Mentalidad de crecimiento

La forma en que las personas piensan sobre sus habilidades y talentos influye en gran medida en cómo aprenden y crecen. El florecimiento humano parece corresponder íntimamente con la mentalidad de una persona.

La investigación de la psicóloga Carol Dweck distingue entre mentalidades fijas y de crecimiento. Las personas con una mentalidad fija creen que sus talentos y atributos, como la inteligencia o el carácter, están predeterminados y no cambian. Con esta mentalidad, la gente tiende a adoptar creencias limitantes sobre lo que pueden y no pueden hacer. A menudo, una mentalidad fija puede llevar a las personas a evitar desafíos, sentirse amenazadas por los éxitos de otros y «desconectarse» cuando hay una transgresión ética.

Cuando las personas tienen una mentalidad de crecimiento, por otro lado, creen que sus habilidades y capacidades pueden desarrollarse. Con una mentalidad de crecimiento, las personas ven sus errores y fracasos como una oportunidad para aprender. Es más probable que estas personas asuman desafíos, respondan bien a las críticas y crezcan a partir de sus esfuerzos independientemente de su éxito.

La teoría de los aprendices éticos, desarrollada por las académicas Dolly Chugh y Mary Kern, aplica estas mentalidades al ámbito de la ética. Como aprendices éticos, aquellos con una mentalidad de crecimiento reconocen su propia ética limitada. Persiguen la «alfabetización psicológica», estudiando los sesgos cognitivos y las presiones externas que limitan su toma de decisiones éticas. También ven sus errores como oportunidades de crecimiento y buscan retroalimentación, esforzándose constantemente por mejorar su conducta ética.

Por lo tanto, una mentalidad de crecimiento puede fomentar el aprendizaje de todo tipo. Y tener una mentalidad de crecimiento nos ayuda a desarrollar las habilidades que necesitamos para convertirnos en tomadores de decisiones éticos más efectivos.

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Razonamiento moral

El razonamiento moral se aplica al análisis crítico de situaciones concretas para determinar lo que está bien o mal, y cómo deben actuar las personas. Tanto los filósofos como los psicólogos estudian el razonamiento moral.

Las decisiones cotidianas que tomamos como “¿Qué me pongo?” son similares a las decisiones morales que tomamos como “¿Debo mentir o decir la verdad?” El cerebro procesa ambas de la misma manera.

El razonamiento moral normalmente se aplica a la lógica y las teorías morales, como la deontología y el utilitarismo, o a situaciones o dilemas específicos. No obstante, las personas no son muy buenas en cuestiones de razonamiento moral. De hecho, el término “estupefacto moral” describe el hecho de que las personas llegan a conclusiones morales importantes que no pueden defender de manera racional.

De hecho, la evidencia muestra que el principio o teoría moral que alguien escoge en muchos casos, irónicamente, está basada en las emociones y no en la lógica. Sus decisiones se ven influenciadas por prejuicios internos o presiones externas como el sesgo de autoservicio y el conformismo social.

Entonces aunque nos gustaría pensar que resolvemos dilemas éticos de manera lógica y racional la verdad es que nuestro razonamiento moral se ve influido por la intuición y nuestras reacciones emocionales.

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Psicología moral

La psicología moral es el estudio del desarrollo de la identidad moral o cómo las personas integran principios éticos en el desarrollo de su carácter.

La psicología moral difiere de la filosofía moral al enfocarse en cómo tomamos decisiones, en vez de qué decisiones morales debemos tomar. Incluye el estudio del razonamiento moral, el carácter moral, y otros temas que incorporan tanto la filosofía como la psicología.

A los psicólogos de la moralidad les interesan preguntas como, “¿Qué tipo de procesos cognitivos producen el juicio moral, y cómo evolucionaron?” “¿Qué nivel de desarrollo moral existen en los niños y en los animales?” y “¿Qué papel deben jugar las instituciones en el desarrollo del juicio moral y la toma de decisiones?”

Por cientos de años, filósofos han contemplado preguntas importantes como “¿Qué significa ser una ‘buena persona’?” sin poder resolverlas del todo. Entonces al incorporar marcos y principios de la psicología a la filosofía, podemos entender mejor estas preguntas complejas.

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